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lunes, 7 de febrero de 2011

Radiografía del militante argentino en el s. XXI

Antes que nada, pido disculpas por la precariedad de la redacción, y los múltiples errores que seguramente con el tiempo vaya encontrando y modificando. La falta de tiempo, como ya me tiene acostumbrado, no me perdona, así que, allá vamos.


Después de la muerte del ex presidente Néstor Kirchner, un verosímil se ha impuesto e instalado sobre la superficie argentina: el resurgimiento de la pasión militante juvenil.




Hay que ir por partes.

En primer lugar, si nos referimos a un “resurgimiento” es debido a la existencia previa de dicha pasión, opacada por algún evento o serie de ellos. Los enunciados principales plantean que, la coyuntura actual, en su esfera político-partidaria, posee similitudes con las etapas de presidencias peronistas (obviamente nos referimos a las tres presidencias de Perón, alejadas tanto en la teoría como en la práctica de cualquier otra presidencia que haya intentado utilizar la bandera del peronismo o la definición de su partido en cuestión), en donde como tesis se presentaba la militancia y el apoyo populoso al gobierno. Según lo establecido, la etapa dictatorial posterior a la presidencia de Isabel, presentada como antítesis represiva, conllevo una desilusión masiva para con la militancia activa, enfatizado por los gobiernos pseudoneoliberales y neoliberales posteriores a la dictadura. Pero, como síntesis, en este relato con características dialécticas, se presenta el resurgimiento de la militancia, en este caso juvenil, mostrándose claramente resilientes.

Marx, retomando y modificando a Hegel, planteaba que los hechos de la historia ocurrían dos veces, en primer lugar como tragedia y la segunda como farsa, y eso es lo que vemos actualmente.

La tragedia de la masividad militante en pleno gobierno peronista llevo al fraccionamiento de lo que inicialmente se podría considerar como ideología peronista, dando pie a la conformación de personajes y frentes de diferente tinte ideológico (por momentos más que contradictorios) como ser J.W.Cooke y Carlos Menem, o el frente Montoneros y el justicialismo noventoso. Sumado a esto, el aspecto trágico se ve reforzado por los miles de desaparecidos, muchos por su cualidad de militante peronista, muchos sin excusa alguna.

Ernesto Sábato introdujo la teoría de los dos demonios para criticar, y por qué no juzgar, el papel tanto de las fuerzas armadas como de los sectores guerrillero-militantes, sea la ERP o Montoneros. Mas allá de los múltiples cuestionamientos, en parte por teorías inadmisibles como la previamente comentada, claramente estamos hablando de una masa militante guiada conceptualmente, una masa instruida, una masa en constante interacción con los teóricos mas reconocidos de su época (hace falta solo repasar testimonios de militancia para verlo, como ser los libros de Vazeilles o las biografías de Cooke o Santucho)

Hoy en día, el resurgimiento de la masividad militante se da como una farsa, una población con motivaciones coyunturales, guiados por la euforia generalizada, en pleno situación de lo que Heidegger denomino estado de interpretado. Una masa movilizada, impulsada principalmente por un contexto que los empujaba.

Para referirnos a la propulsión de la masa militante hay que apelar a uno de los constructores de ideología, o reproductores mejor dicho, como ser los medios de comunicación masiva, o, actualmente, los nuevos medios de comunicación. Durante la etapa postmorten del líder del Frente para la Victoria, incesantemente los medios de comunicación han reiterado lo sorpresivo e impactante de la aparición de las masas infestadas con conciencia política. Aparentemente, los múltiples movimientos, protestas, apariciones populares durante los 80’s y 90’s no han tenido, según su consideración, la suficiente magnitud como para ser considerados.

Pero, más allá de este intento de introducción al análisis de las características principales de los militantes contemporáneos, hay que pasar a lo que para mí es el eje central de la crítica a su actuación, y es la falta de marco teórico.

J.P. Sartre había planteado en su extremadamente recomendable “Criticas al marxismo” la diferenciación entre la organización partidaria comunista o proletaria de la burguesa, estableciendo en líneas generales que, mientras la organización burguesa, tal cual como el sujeto burgués, predefine un objetivo absolutamente cortoplacista e individualista, buscando por sobre todas las cosas la proyección de sus intereses ante su presencia. Por otro lado, la organización partidaria comunista se diferencia por su carácter largoplacista y superador de los límites biológicos propio de los pertenecientes a una generación determinada. Entonces, estos últimos establecerán objetivos que se mantendrán a lo largo de un largo periodo, sosteniendo la ideología que los reúne en un mismo lugar, sabiendo que el trayecto recorrido por ellos será continuado por lo siguientes militantes, y así, eventualmente, se obtendrá el objetivo planificado de antemano. A pesar de la precariedad del resumen del artículo sartriano, se ve claramente que el autor circunscribía la diferenciación a ese aspecto planificador. Luego de una interacción prolongada con militantes de ambos extremos, pude corroborar tal planteamiento, pero, propio de la coyuntura argentina, puedo agregar la característica unificadora de los dos grupos de militantes, la ausencia de conocimiento de las bases teóricas partidarias.

No queriendo menospreciar el valor de la acción practica, recuerdo a Lenin y a Althusser, cuando planteaban la necesidad de la consideración (con sus respectivos y necesarios análisis y elaboraciones) de la producción teórica producto de la actividad practica. Lo valoro y lo considero imperativo. Pero, de la misma manera, valoro inmensamente la producción teórica externa al campo práctico. Entonces, ¿cómo es posible, tomando una ejemplificación, que militantes de sectores justicialistas no hayan leído al mismísimo Perón? ¿Cómo es posible, yendo mas allá del simple e inoxidable proselitismo extremo, que se cargue con banderas del che Guevara, se hable de la necesidad de unión latinoamericana con el frente castrista, se elogie a movimientos guerrilleros como el zapatista, desconociendo sus fundamentos y escritos? De la misma manera, y yendo al otro extremo ¿Cómo es posible que me encuentre incesantemente con militantes de frentes marxistas, o al menos autoproclamados marxistas (para un futuro análisis, la debilidad de la autoproclamación ideológica) desconozcan los fundamentos básicos de la teoría marxista, mismo del propio Marx, sea la función del estado, la organización dictatorial proletaria, el materialismo dialéctico y el histórico, etc.?

Son estas ausencias las que vulgarizan la utilización de una categorización tal como marxista, peronista, y demás. La bandera, bien como icono, índice o símbolo, conlleva múltiples interpretaciones de las más variadas. No considerarlas contrae ausencias que debilitan la justificación, las formas y las razones de lucha. La ausencia del marco teórico coexiste con alianzas de los más irrisorias e inconcebibles, como ser las múltiples realizadas por el Partido Comunista argentino.

La teoría sin práctica es inútil, la práctica sin teoría es ciega.

2 comentarios:

  1. Gran verdad lo de Marx, pasa en todos los ambitos esto de la tragedia y la farsa. Lo asocio a cuando Independiente trae de vuelta algun jugador (por ej: Pusineri) solo por el hecho de haber salido campeon pensando que se puede repetir. Y es toda una ilusion que se genera, como quien no quiere despertar del sueño. Bue, con esto pienso masomenos lo mismo, se esta queriendo forzar algo basandose en lo que ya sucedio. Muy acertado lo tuyo rod

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  2. Gracias Fede. Siempre es un gusto tenerte como lector y comentarista de mi blog.

    Un abrazo.

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